PROTEGEMOS LOS BOSQUES QUE RESGUARDAN EL AGUA LIMPIA, CONECTAN EL HÁBITAT DE LA FAUNA Y FORTALECEN LA RESILIENCIA CLIMÁTICA EN LA PENÍNSULA DE NICOYA.
1,005 HECTÁREAS DE BOSQUE CONECTADO EN LA PENÍNSULA DE NICOYA, REUNIDAS EN DOCE ADQUISICIONES DESDE 1996.
LOS BOSQUES DE LA RESERVA SON LA INFRAESTRUCTURA HÍDRICA DE UNA PENÍNSULA CADA VEZ MÁS SECA.
TREINTA AÑOS DE MONITOREO INDEPENDIENTE MUESTRAN QUE EL BOSQUE PROTEGIDO PRODUCE MÁS AGUA.
UNA PRIORIDAD DE CONSERVACIÓN QUE ALCANZA CADA NACIENTE CONECTADA CON LA RESERVA.
SEIS COMUNIDADES BEBEN DE NACIENTES PROTEGIDAS DENTRO DE LA RESERVA.
UNA RESERVA, MILES DE ESPECIES, CINCUENTA DE ELLAS EN PELIGRO.
LOS PUMAS, MANIGORDOS Y LEONES BREÑEROS VUELVEN A REPRODUCIRSE Y SALEN MÁS ALLÁ DEL LÍMITE PROTEGIDO.
EL BOSQUE ALREDEDOR DE LA RESERVA ESTÁ DESAPARECIENDO, Y EL PRECIO DE LA TIERRA SUBE MÁS RÁPIDO QUE EL FINANCIAMIENTO.
LA FASE 1 ASEGURA 685 HECTÁREAS COLINDANTES CON LA RESERVA. LA VISIÓN COMPLETA CIERRA EL CORREDOR.
UN LEGADO QUE COMENZÓ EN MONTEZUMA EN 1955 Y DIO ORIGEN A LA PRIMERA RESERVA NATURAL DE COSTA RICA.
Un paisaje entero, todavía conectado.
La reserva protege uno de los mayores paisajes de bosque conectado que quedan en la península de Nicoya. Muchas áreas protegidas de Costa Rica se han convertido en islas aisladas. Esta todavía une los bosques del interior con la costa, y sus nacientes abastecen de agua potable a seis comunidades.
Treinta años de monitoreo independiente muestran que el bosque protegido produce más agua de forma medible. El caudal de una naciente en terreno comprado en 1997 subió de 8.87 a 16.32 litros por segundo. Doce adquisiciones completadas muestran que el apoyo de los donantes se convierte en protección permanente.
Bosque maduro y primario en el límite de la reserva, visto desde el aire.
La Fase 1 es la compra de las fincas A y B, 685 hectáreas en conjunto que colindan directamente con la reserva, por USD 3.53 millones. La visión completa, todas las propiedades restantes más el Área Protegida Matambú, representa USD 17.8 millones y aseguraría el corredor entero.
Los bosques son la infraestructura hídrica de la península.
La península de Nicoya se ha vuelto notablemente más seca en las últimas dos décadas. Veranos más largos, temperaturas en aumento y deforestación continua ejercen una presión creciente sobre el abastecimiento local de agua.
Los bosques dentro y alrededor de la Reserva Karen Mogensen absorben la lluvia en la época lluviosa y la liberan de forma gradual durante todo el año hacia las nacientes, quebradas y ríos de los que depende la región.
Proteger las cuencas altas es una de las respuestas naturales más eficaces frente a un clima cada vez más seco.
El río Blanco, un río importante dentro de la reserva, alimentado por nacientes protegidas.
El bosque protegido produce más agua.
Producción promedio de agua de las nacientes de El Paraíso, de 1994 a 2025, en litros por segundo. Terreno comprado por ASEPALECO en 1997, monitoreado por la asociación local de agua desde 1994. Fuente: ASADA Montaña Grande de Isla Venado.
Desde 1994, la producción de agua aumentó de 8.87 litros por segundo a 16.32 litros por segundo. El programa de ASEPALECO de comprar tierra para conservar el bosque beneficia directamente a nuestro sistema de agua y a las comunidades que atendemos.
Miguel Angel Cruz Leiton Presidente, ASADA Montaña Grande e Isla Venado, que atiende a 629 familiasDesde 1996, ASEPALECO ha adquirido doce propiedades que en conjunto protegen 1,005 hectáreas (2,483 acres) de bosque tropical y cuencas críticas. La compra más reciente, La Bruja, se completó en 2026 y aparece en el mapa con el número 12. Ya está incluida en el total.
Cada compra ha resguardado bosque, restaurado tierra degradada y ampliado el hábitat para la fauna. El apoyo de los donantes se convierte en conservación permanente.
Las doce adquisiciones que forman la reserva hoy.
Una prioridad de conservación, naciente por naciente.
Las adquisiciones propuestas extienden la protección a más nacientes y a áreas boscosas de captación conectadas con el sistema de los ríos Ario, Blanco y Bongo. Evitar la deforestación, la fragmentación y el desarrollo incompatible en estas zonas protege la biodiversidad, la conectividad ecológica y la resiliencia a largo plazo de las fuentes de agua de las que dependen las comunidades actuales.
La protección de cuencas no puede descansar solo en la compra de tierra. Depende también de un ordenamiento territorial responsable, de una gestión sensata de la demanda de agua y de aportes justos de las autoridades públicas y de los usuarios comerciales del agua.
Microcuencas y puntos de captación de las ASADAS en la reserva y en su expansión propuesta. Fuente: ASEPALECO, 2026.
Seis comunidades, y las personas que defienden el bosque.
Seis comunidades vecinas reciben su agua potable de nacientes protegidas dentro de la reserva. Esa dependencia es también la protección más fuerte que tiene la reserva.
Dos asociaciones comunitarias de agua, la ASADA Montaña Grande y la ASADA de Río Blanco, distribuyen esa agua a 783 abonados registrados, para quienes esta única cuenca boscosa es la sola fuente. La reserva protege las nacientes del río Ario y del río Blanco, que se unen para formar el río Bongo más cerca de la costa, junto con los ríos y acuíferos de los que dependen Cóbano, Santa Teresa, Montezuma y otras comunidades.
ASEPALECO trabaja con esas comunidades mediante educación ambiental, una brigada voluntaria contra incendios forestales y un centro comunitario de reciclaje. La tierra que los vecinos entienden y de la que dependen sigue protegida mucho después de completada una compra.
Campamento educativo en el Eco Lodge de la reserva.
Una reserva, miles de especies.
Cada hectárea protegida mantiene intacta esta red de vida. Ese mismo bosque absorbe unas 10,000 toneladas de dióxido de carbono al año.
Tamandúa norteño y rana calzonuda, ambos residentes en la reserva.
Lechucita vermiculada. Una especie muy rara, y la reserva es uno de los lugares más importantes para encontrarla.
Costa Rica alberga cerca del 6% de la biodiversidad del planeta en el 0.03% de su superficie. Un acre de bosque protegido costarricense sostiene mucha más vida que el promedio mundial para un acre de tierra.
Veintiocho especies, una ventana que se cierra.
El inventario de vertebrados de la reserva documenta 28 especies de anfibios, reptiles, mamíferos y aves con algún grado de riesgo de extinción, ya sea en la Lista Roja global de la UICN o en la lista nacional de Costa Rica. Cada hectárea de bosque sin proteger es hábitat que alguna de ellas puede perder.
Una señal de éxito, y una advertencia.
Los ecosistemas en recuperación de la reserva han producido un resultado revelador: poblaciones crecientes de felinos silvestres. Pumas, manigordos y leones breñeros se aventuran ahora más allá de los límites protegidos, prueba clara de reproducción exitosa y de un ambiente sano.
Fuera de la reserva encuentran fincas en lugar de bosque, entran en conflicto con los productores cuyo ganado depredan y se exponen a represalias.
El bosque fragmentado deja a las especies varadas en parches demasiado pequeños para sostenerlas. La respuesta duradera es más hábitat protegido y conectado, y eso es lo que aporta la expansión.
Pumas, manigordos y leones breñeros comparten el mismo corredor, junto a muchas especies más pequeñas.
El bosque alrededor de la reserva está desapareciendo.
La tierra que rodea la Reserva Karen Mogensen enfrenta varias presiones a la vez, y todas se aceleran.
Antiguo potrero en el límite de la reserva, parte de la finca A, listo para reforestación.
El dueño de la finca A está bajo presión familiar para vender a inversionistas privados. La finca H triplicó su precio de venta en un solo año. Los incentivos estatales para la protección del bosque se han revertido en parte, y la península se desarrolla rápido.
Una vez que el bosque se convierte en caminos, vivienda o tierra agrícola, su valor ecológico se pierde. La tierra que se protege ahora todavía puede protegerse entera. La tierra que se fracciona no se recupera.
Un corredor, dos fases.
443.4 hectáreas de bosque maduro y antiguo potrero que colindan directamente con la reserva. El bosque se mantiene intacto y el potrero vuelve a ser bosque.
242 hectáreas de bosque maduro y primario que albergan nacientes importantes del sistema del río Ario.
Los lotes restantes más el Área Protegida Matambú cierran el corredor desde los bosques del interior hasta la costa.
Finca A, a la izquierda, y finca B, a la derecha.
Estas propiedades ampliarían la conectividad del bosque, protegerían más cuencas y restaurarían tierra degradada. El potrero de hoy es el bosque de mañana.
Reserva actual en verde, Fase 1 en azul oscuro, Fase 2 en verde claro.
La Bruja, la compra número 12, se adquirió en 2026 y ya forma parte del total protegido. Cada nueva contribución se suma directamente a tierra ya asegurada.
Un legado que comenzó en 1955.
Karen Mogensen y su esposo Nicolas Wessberg se establecieron en Montezuma en 1955, cuando la península de Nicoya todavía estaba cubierta en buena parte de bosque virgen. Lo vieron caer ante la ganadería. A inicios de los años noventa quedaba apenas el 21% del bosque original.
Ambos se convirtieron en pioneros del movimiento ambiental costarricense. Su campaña llevó a la creación de Cabo Blanco en 1963, la primera reserva natural protegida del país y la semilla del sistema de parques nacionales por el que hoy se conoce a Costa Rica. Karen murió en 1994, poco después de que se estableciera la reserva que lleva su nombre.
Casi treinta años de dedicación y de aportes de donantes han más que triplicado su tamaño desde entonces, revirtiendo la deforestación hectárea por hectárea.
Karen Mogensen.
La Reserva Karen Mogensen es propiedad de ASEPALECO, la Asociación Ecológica de Paquera, Lepanto y Cóbano, una asociación ambiental costarricense sin fines de lucro fundada en 1991, que también la administra. Su trabajo abarca la protección de tierras, la educación ambiental en escuelas locales, la investigación científica en la estación biológica de investigación climática y el trabajo comunitario. ASEPALECO opera el Karen Mogensen Eco Lodge, mantiene una brigada voluntaria contra incendios forestales y administra un centro comunitario de reciclaje. La gobierna una junta directiva voluntaria y trabaja con comunidades locales, instituciones nacionales como el SINAC y organizaciones internacionales.
Y muchos otros donantes generosos.
Patricia Slump-Mulder
Presidenta de la Junta Directiva, ASEPALECO
Asociación Ecológica de Paquera, Lepanto y Cóbano
info@karenmogensenreserve.org
+506 8811 7629
www.karenmogensenreserve.org
Las donaciones desde Estados Unidos, Canadá y los Países Bajos son deducibles de impuestos. Para contribuciones superiores a USD 10,000, escríbanos directamente.
Apoye la expansiónNuestro trabajo va más allá de la conservación del bosque. Resguardamos la salud y la resiliencia a largo plazo de todo el ecosistema del sur de la península de Nicoya.
ASEPALECOPROTEGEMOS LOS BOSQUES QUE RESGUARDAN EL AGUA LIMPIA, CONECTAN EL HÁBITAT DE LA FAUNA Y FORTALECEN LA RESILIENCIA CLIMÁTICA EN LA PENÍNSULA DE NICOYA.
Un paisaje entero, todavía conectado.
La reserva protege uno de los mayores paisajes de bosque conectado que quedan en la península de Nicoya. Muchas áreas protegidas de Costa Rica se han convertido en islas aisladas. Esta todavía une los bosques del interior con la costa, y sus nacientes abastecen de agua potable a seis comunidades.
Treinta años de monitoreo independiente muestran que el bosque protegido produce más agua de forma medible. Doce adquisiciones completadas muestran que el apoyo de los donantes se convierte en protección permanente.
La Fase 1 es la compra de las fincas A y B, 685 hectáreas en conjunto que colindan directamente con la reserva, por USD 3.53 millones. La visión completa, todas las propiedades restantes más el Área Protegida Matambú, representa USD 17.8 millones.
Los bosques son la infraestructura hídrica de la península.
La península de Nicoya se ha vuelto notablemente más seca en las últimas dos décadas. Veranos más largos, temperaturas en aumento y deforestación continua ejercen una presión creciente sobre el abastecimiento local de agua.
Los bosques dentro y alrededor de la reserva absorben la lluvia en la época lluviosa y la liberan de forma gradual durante todo el año hacia las nacientes, quebradas y ríos de los que depende la región.
Proteger las cuencas altas es una de las respuestas naturales más eficaces frente a un clima cada vez más seco.
El bosque protegido produce más agua.
Producción promedio de agua de las nacientes de El Paraíso, de 1994 a 2025, en litros por segundo. Fuente: ASADA Montaña Grande de Isla Venado.
Desde 1994, la producción de agua aumentó de 8.87 litros por segundo a 16.32 litros por segundo. El programa de ASEPALECO de comprar tierra para conservar el bosque beneficia directamente a nuestro sistema de agua y a las comunidades que atendemos.
Miguel Angel Cruz Leiton Presidente, ASADA Montaña Grande e Isla Venado, que atiende a 629 familiasDesde 1996, ASEPALECO ha adquirido doce propiedades que en conjunto protegen 1,005 hectáreas de bosque tropical y cuencas críticas. La compra más reciente, La Bruja, se completó en 2026 y aparece en el mapa con el número 12.
Las doce adquisiciones que forman la reserva hoy.
Una prioridad de conservación, naciente por naciente.
Las adquisiciones propuestas extienden la protección a más nacientes y a áreas boscosas de captación conectadas con el sistema de los ríos Ario, Blanco y Bongo. Evitar la deforestación, la fragmentación y el desarrollo incompatible en estas zonas protege la biodiversidad, la conectividad ecológica y la resiliencia a largo plazo de las fuentes de agua de las que dependen las comunidades actuales.
La protección de cuencas no puede descansar solo en la compra de tierra. Depende también de un ordenamiento territorial responsable, de una gestión sensata de la demanda de agua y de aportes justos de las autoridades públicas y de los usuarios comerciales del agua.
Microcuencas y puntos de captación de las ASADAS en la reserva y en su expansión propuesta. Fuente: ASEPALECO, 2026.
Seis comunidades, y las personas que defienden el bosque.
Seis comunidades vecinas reciben su agua potable de nacientes protegidas dentro de la reserva. Esa dependencia es también la protección más fuerte que tiene la reserva.
Dos asociaciones comunitarias de agua, la ASADA Montaña Grande y la ASADA de Río Blanco, distribuyen esa agua a 783 abonados registrados, para quienes esta única cuenca boscosa es la sola fuente. La reserva protege las nacientes del río Ario y del río Blanco, que se unen para formar el río Bongo más cerca de la costa, junto con los ríos y acuíferos de los que dependen Cóbano, Santa Teresa, Montezuma y otras comunidades.
ASEPALECO trabaja con esas comunidades mediante educación ambiental, una brigada voluntaria contra incendios forestales y un centro comunitario de reciclaje. La tierra que los vecinos entienden y de la que dependen sigue protegida mucho después de completada una compra.
Una reserva, miles de especies.
Cada hectárea protegida mantiene intacta esta red de vida. Ese mismo bosque absorbe unas 10,000 toneladas de dióxido de carbono al año.
Lechucita vermiculada. Una especie muy rara, y la reserva es uno de los lugares más importantes para encontrarla.
Costa Rica alberga cerca del 6% de la biodiversidad del planeta en el 0.03% de su superficie. Un acre de bosque protegido costarricense sostiene mucha más vida que el promedio mundial para un acre de tierra.
Veintiocho especies, una ventana que se cierra.
El inventario de vertebrados de la reserva documenta 28 especies de anfibios, reptiles, mamíferos y aves con algún grado de riesgo de extinción, ya sea en la Lista Roja global de la UICN o en la lista nacional de Costa Rica. Cada hectárea de bosque sin proteger es hábitat que alguna de ellas puede perder.
Una señal de éxito, y una advertencia.
Los ecosistemas en recuperación de la reserva han producido un resultado revelador: poblaciones crecientes de felinos silvestres. Pumas, manigordos y leones breñeros se aventuran ahora más allá de los límites protegidos, prueba clara de reproducción exitosa y de un ambiente sano.
Fuera de la reserva encuentran fincas en lugar de bosque, entran en conflicto con los productores cuyo ganado depredan y se exponen a represalias.
El bosque fragmentado deja a las especies varadas en parches demasiado pequeños para sostenerlas. La respuesta duradera es más hábitat protegido y conectado.
El bosque alrededor de la reserva está desapareciendo.
El dueño de la finca A está bajo presión familiar para vender a inversionistas privados. La finca H triplicó su precio de venta en un solo año. Los incentivos estatales para la protección del bosque se han revertido en parte.
Una vez que el bosque se convierte en caminos, vivienda o tierra agrícola, su valor ecológico se pierde. La tierra que se fracciona no se recupera.
Un corredor, dos fases.
443.4 hectáreas de bosque maduro y antiguo potrero que colindan directamente con la reserva.
242 hectáreas de bosque maduro y primario que albergan nacientes importantes.
Los lotes restantes más el Área Protegida Matambú cierran el corredor desde los bosques del interior hasta la costa.
Reserva actual en verde, Fase 1 en azul oscuro, Fase 2 en verde claro.
La Bruja, la compra número 12, se adquirió en 2026 y ya forma parte del total protegido. Cada nueva contribución se suma directamente a tierra ya asegurada.
Un legado que comenzó en 1955.
Karen Mogensen y su esposo Nicolas Wessberg se establecieron en Montezuma en 1955, cuando la península de Nicoya todavía estaba cubierta en buena parte de bosque virgen. Lo vieron caer ante la ganadería. A inicios de los años noventa quedaba apenas el 21% del bosque original.
Su campaña llevó a la creación de Cabo Blanco en 1963, la primera reserva natural protegida del país y la semilla del sistema de parques nacionales por el que hoy se conoce a Costa Rica. Karen murió en 1994, poco después de que se estableciera la reserva que lleva su nombre.
Casi treinta años de dedicación y de aportes de donantes han más que triplicado su tamaño desde entonces.
La reserva es propiedad de ASEPALECO, una asociación ambiental costarricense sin fines de lucro fundada en 1991, que también la administra. Su trabajo abarca la protección de tierras, la educación ambiental, la investigación científica y el trabajo comunitario. ASEPALECO opera el Karen Mogensen Eco Lodge, mantiene una brigada voluntaria contra incendios forestales y administra un centro comunitario de reciclaje.
Patricia Slump-Mulder
Presidenta de la Junta Directiva, ASEPALECO
info@karenmogensenreserve.org
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www.karenmogensenreserve.org
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